jueves, 29 de diciembre de 2011

Mal y tarde

"Adios, decía el estampido y yo
detrás de su reflejo fui,
sujétame un rato este sol, te dije, y ya jamás volví,
y con tanto rumiar las briznas me olvidé
de echarle más pelusa al ombligo y, tal vez
debí mirar atrás y preguntar si ayer
la lontananza era limpia y la senda también,

será que mi cansino caminar
no ronda por la puerta de
aquello que llaman amor,
y en el alféizar me quedé,
mirándote al pasar, queriéndote ofrecer
el pienso de tan lejos que no pudo ser,
y te quiero contar que nada me amparó,
así que mal y tarde te pido,

quédate hasta el día que lluevan pianos,
quédate hasta que yo dé mi brazo a retorcer,
y fóllame, como si esta noche me fuera a comer
las estrellas una a una,
quédate, jugará tu corazón al esconder, con el mío,
en la basura,

contar las puntadas sin hilo es
lo que me queda por hacer,
que dicen que tan necio soy
que no he sabido enloquecer,
pero juré enlutar los tumbos que bordé
y levantarme cabal y maldito por ti,
y, al decirle al papel que sigo estando aquí,
el eco me devuelva el gemido."


... adoro...

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Es por esa mirada

Y es por esa mirada que me importa bien poquito, incluso nada, que tu vida siga siendo vida sin atisbo de justicia. Y es por esa mirada que hoy pierdo tres palabras y otros tantos pensamientos en mandarte mis recuerdos. Recíbelos como azote del viento, de ese que susurra, por las noches, la felicidad que siento por esa mirada. Qué poquito vale todo lo demás si es por esa mirada...


domingo, 18 de septiembre de 2011

En otra piel


Que las noches se me quedan cortas entre lo que hago y lo que dejo de hacer no es nuevo por mucho que la luna salga menos de lo que solía. Y los días en la casa a medias mendigan caricias, claman por besos. Y esta vez no siendo tú quien eras, no siendo yo quien debo ser, me encontré un colchón viudo como las lentejas sin chorizo. Ya sabes, no viene mal un poco de cariño. Tus palabras y otro cuerpo. Por eso tuve que cerrar los ojos y dejar de ser. A mi cactus le han robado las espinas. A la cueva a verlas crecer.


martes, 19 de julio de 2011

Ahora que...

Hace tiempo que crece hierba en le tejado y de cuando en cuando alguna flor. Hace tiempo que las arañas han instalado sus telas en los rincones de todo lo que no es corazón. Y pienso. Y siento también, tal vez sea mejor la hacendosa compañía que aquel temblor que recorría mi piel al roce de aquellos que sólo fueron estorbo al desamparo de las sábanas de papel. Y papel mojado es ahora cualquier letra que no hable de ti, que no diga tu nombre y tu modo de hacerme feliz.

Todo huele a ti. Todo sabe a ti. Todo lo mío ahora es tuyo. Me encuentro risas en los rincones, contenidas por una manita que tapa una boca a punto de desbordarse. Hay “te quieros” dibujados en cada pared. Hemos creado nuevas formas de medir, y todo lo que no cabe de aquí a la luna, al sol, a las estrellas, a las nubes o al arco iris no nos interesa. De nuestro mundo, un universo, y de cada pequeña cosa un nuevo mundo. Y todo lo demás ha dejado de existir.


martes, 10 de mayo de 2011

Mi vida sin ti (parte I y Final)

Te vi tantas veces regresar al nido
que creí que nunca te marcharías.
Hoy llegaron noticias desde el recuerdo
¿que son dos años más?:
ahorro de sufrimiento.

Y sin embargo ahora, en este mismo “ya”
daría mi escasa integridad,
mi inmensa nocturnidad
por un cruce de somnolientos “buenosdías”
a la altura de la baldosa rota del pasillo.


viernes, 15 de abril de 2011

Palabras rotas

Estabas a mi lado cuando cerré los ojos.
Al abrirlos te habías ido. No volverás.
Y vagué.

No puedo decir con total seguridad
si fueron años o días, pero vagué
una eternidad.

Ya nunca cierro los ojos.
Ya nunca busco, me da miedo encontrar.
Ya ves.

Sólo se puede perder lo que se tiene.
Y al solo se le cae el acento, solamente.
Ya solo yo. Sola.

¿Te has parado a escuchar?
Esa caracola quiere hablarte.
Sonríes.

Dicen que oyes el mar.
Pero tú sólo oyes los gritos del silencio
que se ahoga.

Pobre legado, amasijo de palabras rotas.
Muchos abrazos tratando de compensar.
Y arena mojada.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un rato cada día.


Esta mañana he ido a la oficina de empleo, esta vez sin madrugón y sin colas, cosas de la cita previa, eso sí la espera se acorta pero no desaparece. En fin.

Al salir me he ido, originariamente, a comprarle unos zapatos a la niña. Zapatos de buen tiempo, ya sabes, que no nos pillen los buenos días desprevenidas no vaya a ser que se quieran ir nada más llegar. Y llovía y no me gustaba ningún par. El tiempo es así, claro. Las modas parece que también.

Así que he comprado lapiceros y rotuladores de colores. Y pasta de modelar, vaya, plastilina de toda la vida para que nos entendamos los de más de treinta, sólo que ahora recalcan mucho su no toxicidad, dicen que hasta se puede comer. Ya ves, no sé muy bien cómo hemos sobrevivido a nuestra infancia sin plastilina que se come, sin rotus que no manchan (imagino que porque no pintan), sin sillitas de seguridad, incluso sin cinturones de seguridad, sin casco para la bici, sin coderas ni rodilleras, sin patines que no ruedan y zapatos antideslizantes, sin tiritas de Bob Esponja y papel higiénico húmedo, sin iPañales, sin iOrinales y sin braguitas inteligentes. De nuevo, en fin.

Y he llegado a casa a horas extrañas. Y extraña me han hecho sentir.

He mirado el portátil, tan callado, tan tranquilo. Tan serio y trabajador. Y he mirado mis compras, tan chillonas, tan alegres. Tan divertidas, tan, tan. Una hora más tarde había hecho una vaca de plastilina, dos conejos y un tren. He coloreado un pato que tímidamente mete el pie en un lago para ver si el agua está fría, aunque me falta por pintar el agua, como es azul dejaré que lo haga ella cuando venga del cole, porque a ella le gusta el “ashuuuuul” y a mí me gusta la boquita que pone al decirlo. He pintado una camiseta con una abeja regordeta y una flor. Por eso de los buenos días que están por llegar.

Me ha faltado ponerme un baby, ¿sabes?, ahora mi camiseta está llena de plastilina. De esa que por lo visto se puede comer, pero no sé si se puede lavar. Los rotus sí, ¡qué suerte para mis manos! Y te lo he querido contar justo antes de hacerme, de nuevo, mayor. Porque llovía y hacía frío. Porque he esperado una hora donde esperan los que por lo que sea ya no pueden trabajar, y estaba triste, joder. Y ahora no, o un poco menos. Quizás te sirva a ti también.


lunes, 21 de marzo de 2011

Yo quisiera

Yo quisiera poder dar lo mejor que me enseñaron. Es más, yo quisiera poder ser lo mejor de él y lo mejor de ella. Y con eso ser la mejor para ti. La única, eso es cierto, pero también quisiera ser la mejor. Y no sé si es y ratos desespero. Pero lo intento, de veras que lo intento. Tomo deciosiones con ese pensamiento. A veces el único y quizás me precipito. Y tal vez algún día lo lamente, pero...

¿Sabes? Yo a él apenas lo veía en casa. Entre semana era casi como si no existiera. Y sé que era así por nosotros. Por nuestro bien. Por poder darnos todo. Pero a ratos no puedo dejar de pensar que al fin y al cabo no estaba, que quizás hubiéramos vivido mejor con menos de aquéllo y más de él. No sé si me entiendes, al menos no lo creo de momento. Yo tampoco sabía mucho entonces, yo tampoco sabía mucho hasta que de ser hache me convertí en eme. Ya ves. Pero siendo hache sólo sé que le echaba tanto de menos que por querer compartir compartí aficiones. Ese juego del balón, ¿entiendes? Y por ser más divertida la rivalidad discutida, rivalizamos en equipos tan enemigos, tan íntimos. Y ganamos con el acuerdo, te explico. Si ganan porque ganan, si pierden porque el otro gana, lo mirases como lo mirases, ganábamos los dos, siempre ganábamos los dos. Y lo echo de menos todos los días, aún.

Y por cosas así entendí lo imprescindible de ser padre. También así quiero yo ser para ti.

Ella trabajaba también. Aunque empezó algo tarde, incluso mi mala memoria me devuelve imágenes de sus eternas horas de estudio para la oposición de turno. Pero estaba allí cuando acababa el cole. Y antes de empezar le cantaba los temas a mi hermano, tan chiquito quizás como tú ahora mismo y yo apenas un bebé. Y él, siempre tan listo, decía que su madre le contaba unos cuentos muy raros. Ella reía, imagino, y le decía que de esos cuentos dependía su futuro. Quizás por eso el siempre ha sido el más inteligente. Pues yo quiero ser así también. Por poder tener un futuro que ofrecerte que no dependa más que de nosotras dos, sí, pero también quiero poder estar ahí. Al levantarnos ser lo primero que veas. Y llevarte al cole. Y buscarte a la salida para verte sonreír. Quiero poder estar cuando llores, también, si es poco mejor, oye. Quiero poder estar para enseñarte todo lo que aún voy descubriendo yo. Para abrazarte cuando haga falta también hay que estar.

Así quiero yo, también, ser para ti.

Lo peor es que no entiendo que nadie quiera entender algo así. Que me acusen de elegirte, ¿sabes? Y que me nieguen oportunidad. No entinedo que no me entiendan salvo las que ya han sido madres. No entiendo que me acusen de querer ser la mejor. No entiendo el hacerme renunciar. Y es que sólo quiero ser lo mejor que pueda ser y aún así me han tachado de falta de ambición, de renuncia, de desidia... parece que no basta con querer ser lo mejor que puedo ser.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Que no.

Que no. Que hay días que no.
Que no. Que no.
Y se asume.
Pero cuando hay años que no...
Y es que no.
Que no. Que no.
Ya sólo tengo el sí de las niñas.
Un poco obtenido por no hacerme llorar.
Y es que no. Así no.
Yo ya no quiero jugar.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Hoy.


Estás a paunto de cumplir años. Años en plural, madre mía. Da un poquito de vértigo esto. Miro lo que he pasado y trato de intuir lo que está por llegar, mañana mismo, entiéndeme... y tengo miedo. Miedo de que vuelva lo malo y no me deje ser como quiero ser. Como te mereces que sea.

Sé que más de una noche, envalentonada la noche a punto de dar paso al día, envalentonada yo por cosas que pasan cuando apenas hay luz y sí muchas ganas de recordar viviendo, he negado a voz en grito cualquier miedo del tipo que tengo miedo a temer. Añadiendo lo de "... y cuántos más". Pero ahora que hablo conmigo misma y no me puedo negar a escuchar(me), el grito entona otros versos y la noche amarga con otro sabor de boca.

Te quiero, ¿sabes? Sé que te lo digo un millón de veces al día, y tal, pero es que TE QUIERO. A veces te ríes. Otras me ignoras y me río yo. Luego te digo eso de "¡Eh!, hoy no me has dado ningún beso, ¡dame uno bien sonoro!" y me miras de lado con cara de ir a hacerte rogar. Pero corres y me besas. Y eso también lo aguantas más de una, más de dos y más de tres.

Hablo y me entran ganas de abrazarte (y sonrío).

Y hay deseos que se hacen realidad. Así que me voy a por ellos. Y además, tal vez hoy, también me deje abrazar. Y que se joda el miedo. Que se joda para siempre.


(Aquí y allá)